El ALCA
Repercusiones Agrícolas en las Comunidades

Grupo de investigación en agrícolas ecologicas
Universidad Nacional de Colombia – Sede Palmira
Publicado con permiso de Fisura Diciembre de 2003 No. 7

Ante multiples ex­pectativas de los colombianos y de toda la comunidad internacional, se baraja la posibilidad inmediata de implementar el ALCA como pilar de las futuras relaciones comerciales entre E. U.  y Latinoamérica. Se entiende el ALCA, como el Área de Libre Comercio de las Américas, donde se desarrolla un proyecto estratégico de recolonización y absorción de América Latina y el Caribe. La idea es concebida en el gobierno de George Bush padre, presentada como una manera idónea  para crear una zona de libre comercio que fuera desde Alaska hasta Tierra del Fuego, bajo tres consideraciones especificas: aumentar el comercio en el hemisferio, incrementar las inversiones norteamericanas al sur del Río Grande y reducir la deuda externa lati­noamericana. Los países debían cumplir dos condiciones para acceder a las negociaciones: el compromiso de liberación del comercio  latinoamericano y la reforma o estructuración del Estado. En la Cumbre de las Américas de 1994, Clinton compromete a 34 presidentes de Estados-nación del continente para iniciar las negociaciones. No estaba Fidel Castro, ya que Cuba obviamente no participa de este proyecto de anexión. Brasil y Estados Unidos asumen presidencia conjunta del ALCA hasta el 31 de diciembre de 2004. En enero del 2005 deben estar firmados los acuerdos. Esto ha causado un malestar generalizado, en toda América Latina han comenzado vigorosas luchas sociales que en algunos países ya se reflejan en grandes levan­tamientos populares y huelgas, como con­secuencia del fracaso del modelo económico neoliberal imperante y el dominio hege­mónico de los Estados Unidos. Si no hay una reconstrucción del panorama social desde su eje económico1 , las cosas van a complicarse en los países involucrados, advierte el científico social James Petras.

En la actualidad, se manejan dos versiones sobre el ALCA. La primera, manejada por los Estados Unidos, empresas trans­nacionales y la mayor parte de los gobiernos latinoa­mericanos, muestra al ALCA como una posibilidad real de abrir un área de libre comercio para empresarios y agricultores, incluidos los más pequeños. Desde esta óptica, se podría creer que este acuerdo va a permitir a los pequeños comerciantes abrir sus tiendas en otro país o llevar sus artesanías a mercados vecinos. Incluso, se puede creer que los profesionales de ambos sexos puedan trabajar en otro país de la región. Pero este es el espejismo tras el que se esconde su contenido, que intenta convencer a los latinoamericanos de su necesidad. La historia se repite, cuentas por oro. La otra versión que se maneja, y a la cual nos suscribimos, es fruto de un análisis critico más profundo, de parte de grupos de trabajo e investigación, organizaciones de índole campesinas y libertarias que intentan resistir la arremetida del Neoliberalismo2 . Los acuerdos del ALCA implican una com­petencia desigual, pues se pretende integrar economías profundamente dispares, tanto en su desarrollo tecnológico como en sus políticas económicas y de protección social. Puede permitir la libre circulación de productos agrícolas, con un gran tenor en trazas químicas, debido a que en los países pobres no hay ni medios económicos ni instancias que se encarguen de revisar la calidad de los mismos. En cambio, los países ricos sí cuentan con los medios y el poder para exigirnos altos niveles de calidad y controlar nuestros productos. Si analizamos los objetivos de los tratados de libre comercio (OMC, ALCA, TLCAN y acuerdos bila­terales), encontramos que a través de estos acuerdos, se garantiza a las corporaciones el acceso libre a los mercados del Sur, eli­minando toda barrera a la libre extracción de ganancias, y además, su control sobre los recursos (petróleo, agua, recursos genéticos, etc.) a través de la privatización a manos de trasnacionales con casa matriz en el Norte. Como dicen los teóricos sociales actuales que el ALCA es en otras palabras, la misma recolonización. O sea, el libre comercio es guerra por otras vías, guerra contra todos los pueblos.

Perspectivas inmediatas. Los acuerdos del ALCA tienen unas repercusiones de manera radical en las comunidades y pueblos indígenas. Son violentadas en su saber y tradiciones mujeres campesinas e indígenas, quienes han sido las más afectadas con los procesos de desplazamientos forzados, resultado de las duras condiciones de vida en el campo, la introducción de nuevas tecnologías agrícolas, la decreciente necesi­dad de mano de obra en el campo, y la poca “competitividad” de agricultores y produc­tores frente a las grandes casas agrícolas. Las comunidades indígenas serán las más afectadas con los acuerdos que pretende poner en vigencia el ALCA, la cuestión de las patentes y la propiedad intelectual, donde se priman los cultivos con plantas genéti­camente transformadas, cultivos compe­titivos; impulsando en forma decisiva los monocultivos en grandes extensiones de tierra, con el objetivo de generar mayor rendimiento, aunque con peligrosos efectos para la diversidad productiva. Es decir, un acuerdo comercial de este tipo excluye las comunidades marginales, presentándose como una seria amenaza para las formas tradicionales de producción, para la agri­cultura de subsistencia, la calidad de la tierra y las formas de morar en el campo.

Ante el panorama que ofrece el ALCA, sostenemos que existen otras formas de integración, que el mercado común es, por principio, positivo. No obstante, se esgrimen una serie de evidencias para argumentar que la forma en que se está planteando esta Área de Libre Comercio de las Américas no es correcta. La integración debe ser entendida como una búsqueda conjunta de beneficios y solidaridad, en el sentido de que cada uno de los países de la región ofrezca lo que los otros no tienen, o que se compartan tecnologías y conocimientos que beneficien a todos. Así, la integración se traduce en formas alternativas de relaciones, donde existen términos de igualdad y respeto, reconociendo y argu­mentando alternativas diversas frente a las desigualdades estructurales de los pueblos que se pretenden integrar. Desde este enfoque, la integración es entendida de una manera más amplia y no solo desde lo comercial, lo económico. Por tanto, este tipo de integración debe proponer un nuevo modelo de desarrollo, que respete los ecosis­temas y las relaciones de convivencia de las comu­nidades, promueva la diversidad cul­tural y combata todo tipo de inequidades de género, clase, etnia, edad, orientación sexual... Pero esto no existe en el ALCA, que no ha logrado sobrepasar las barreras arancelarias y las despiadadas reglas del mercado.


1. El dominio hegemónico de los Estados Unidos y el neoliberalismo han generado un gran retroceso económico, en los últimos diez años en los países de América Latina se ha producido uno de los peores periodos de crecimiento en toda la historia del siglo XX. Si comparamos las estadísticas es un desastre lo que ha ocurrido y si analizamos lo que ha pasado en la Argentina se puede observar que ese país ya lleva cinco años soportando una gran depresión económica sin encontrar aún ninguna salida. Y qué decir de Uruguay que es un país quebrado, en bancarrota; Brasil está sobreviviendo con un préstamo que fue otorgado antes de su gran caída; Ecuador lo mismo, está viviendo una bomba de tiempo; y Uribe manejando una economía en la peor crisis de Colombia en cien años, entonces el capitalismo no deja ni permite a las fuerzas productivas avanzar. Entrevista con Jamés Petras. «ALCA es una extensión del neoliberalismo, pero con propósito de dominación política» Copia fotostática

2. Petras desde Ecuador sugiere que el ALCA es un proyecto neomercantilista, es una extensión del neoliberalismo hacia una dominación política y no solamente económica, porque no se trata únicamente de bajar las barreras arancelarias puesto que muchos países ya lo hicieron sino que es también la continuidad de las políticas de privatización, aunque en este momento tenemos cuatro mil empresas privatizadas en América Latina. Entonces el ALCA no es más que el traslado del centro de decisión a Miami, desde donde Estados Unidos va a dictar las condiciones de comercio, de privatización de los servicios públicos y las condiciones para la producción. En consecuencia esta transferencia también significa que los gobiernos de Latinoamérica no tienen función económica. De esta manera ALCA terminará copando las funciones estatales, consolidando un poder político cuyo objetivo es la exclusión de Europa y Japón como competidores de Estados Unidos, marginando también a los productores locales de América Latina, absorbiendo además los servicios de salud y educación que quedan en manos de los gobiernos nacionales de los países de esta región y como si esto fuera poco, está la posibilidad de utilizar los ejércitos latinoamericanos más allá de las fronteras, posibilitando el reclutamiento de soldados de Suramérica a partir de los conflictos mundiales para ponerlos a hacer trabajo bélico. En síntesis podría indicar que el ALCA es una política extremista porque acaba de un tajo con la soberanía de estas naciones, al tiempo que propende por la protección de más de cincuenta sectores de la economía norteamericana que no son competitivos. Ibid.


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