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Expressiones de Resistencia
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Pues la memoria, al ser el lugar del acontecimiento y la diferencia, en ella la intensidad de las fuerzas que mueven la vida están diríase suspendidas, el presente dividido infinitamente en pasado y futuro hace de la imagen un estallido, un remolino en el río de la vida y podemos por fin en medio de la vergüenza que significa la atrocidad de lo vivido y el desalojo de nuestra identidad, contemplar el resquicio de la salida a la mutación que advertimos como necesaria e inaplazable . Martha López |
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“Somos hijos de líderes comuneros muertos” El presente ensayo parte de un estudio de caso, hecho a partir de relatos e historias de vida de los habitantes de la vereda el Guaico Alizal, relatos que a través de la palabra, individual y colectiva, representan realidades y procesos que dejan entrever sus expresiones de resistencia frente al poder Estatal, expresiones que no sólo fluyen en el plano económico, sino también en lo político y cultural. Una experiencia de RESISTENCIA que da cuenta de la capacidad creativa comunitaria para afirmar la Vida, porque la resistencia es una palabra que está asociada con la vida, es una palabra donde emerge el acontecimiento impregnado de crítica a ese deber ser que se nos ha impuesto durante siglos, a través del orden social. Es en este sentido que diremos que una población resiste cuando ha creado formas, ritmos y estilos de poblamiento cargados de todo aquel legado ancestral que les permite instaurar relaciones novedosas con la naturaleza, y practicas nuevas en torno a la relación con la tierra, creando y transformando constantemente su mundo a través de nuevas prácticas conviviales, pues el mundo del habitante, del morador de la Vereda el Guaico Alizal, está bajo un flujo perpetuo, en medio de un proceso de cambio donde interactúan múltiples fuerzas que animan e impulsan la Vida. Durante 56 años (1930-1986) el pueblo del Guaico Alizal ha construido su vida, luchando por la recuperación de sus tierras1, para resistir, para ser protagonistas de su historia, forjada al calor de la lucha, apropiándose de su presente y así mismo fortaleciendo la memoria colectiva, la cual reluce en sus relatos. Narraciones orales cargadas de organización y lucha, de esperanza, pues gracias a la fortaleza vivida en el Guaico, existe la posibilidad de un futuro diferente. De esta manera estos años han trascendido, específicamente desde la década de los años 60, durante la cual se crearon movimientos sociales y populares como la ANUC y el Consejo Regional de Indígenas del Cauca, CRIC, afines con la recuperación de tierras, dándose fuertes tensiones sociales categoría establecida por Leopoldo Múnera entre indígenas campesinos, terratenientes y capitalistas, sustentando, estos dos últimos el control de las mejores tierras. Estas tensiones sociales intentan ser superadas por la organización indígena y campesina, quienes querían concretar una reforma agraria redistributiva que los beneficiará, pero se crean conflictos rurales con fuerte repercusión de violencia ejercida por el poder Estatal. Por este motivo algunos hechos de represión, suelen son consignados en una de las Marchas Campesinas Nacionales organizada por la ANUC.
Los campesinos fueron hostigados y detenidos casi de inmediato por el ejército. La III Brigada bloqueó a las delegaciones del sur a pocos kilómetros de Piendamó, detuvo a quinientos caminantes, en su mayoría indígenas, y a Jaime Vásquez, ejecutivo de la ANUC. En la Costa Atlántica la marcha fue también detenida por el Ejército en las proximidades de Valledupar y apresados varios de sus líderes, entre ellos Froylán Rivera, presidente de la ANUC. La oleada represiva afectaba también a otros sectores, principalmente estudiantiles. Al amparo del estado de sitio y con el argumento de combatir la subversión, el ejército encarceló y torturó a un elevado número de ciudadanos, motivando un debate en el Congreso en torno a la violación de los Derechos Humanos.2
Es así, como estos hechos de horror: masacres colectivas, persecuciones, marcan a los habitantes del Guaico, convirtiéndose en algo a no olvidar, a quedar impreso en la memoria colectiva, como una situación a superar, los habitantes logran conservarlo en la memoria y actuar en función de ese recuerdo, pero no podrá ser como clave para otra ocasión3. Según Walter Benjamín, la memoria está hecha de imágenes dialécticas, no hay que decir que en ella el pasado ilumina el presente o que el presente ilumina el pasado. ... teníamos que montar una Reforma Agraria directamente de nosotros, como era la recuperación de las tierra; [...] viene otra vez el Estado a la persecución de los líderes, aquí hay compañeros que van a la cárcel, otros perseguidos, torturados, cantidad de cosas, otros los mataron, es otra arremetida que hace el Estado frente a la forma organizativa. Pero ya entramos nosotros a hacer una resistencia buscando la forma de seguir trabajando, no quedarnos ahí quietos sino que ahí sale ya lo que es la parte organizativa como está escrito en Toribio donde dice: “no al pago de terraje”. Entonces entramos con el CRIC, que nos siga apoyando, que nos sigan ayudando para seguir un proceso[...] aquí no había Cabildo pero llegamos a un punto de que formamos un Cabildo y se sigue trabajando...”4 Ahora bien, la historia del pasado posibilita afirmar que de acuerdo a su acumulado histórico, de organización y de lucha, los guaicaleños establecen una idea de poder que va mas allá o difiere del poder-coacción que instaura el Estado con su maquinaria de guerra, pues, establecen relaciones de poder que se ejercen a través de una organización en red, donde el poder funciona como una cadena que circula en torno a la organización social, propia de los movimientos indígenas y campesinos que se reconocen en la lucha por la tierra, que reivindican la dignidad cultural, étnica, y el establecimiento de los límites máximos a la extensión de la propiedad privada. ... la gente tiene poder de ir a hablar con otras entidades y así es como nos organizamos a través del Cabildo de Pueblo Nuevo, que nos colaboró para quitarnos el yugo de la Caja Agraria, y organizarnos con la tierra allá de propiedad de nosotros y así ya con la tierra de nosotros no fuimos esclavos del poder patronal, sino que ya así -nosotros libres- tenemos un poder de libertad, de poder trabajar y tener las cosas de nosotros, de poder ir a un taller pensando sobre la situación de la guerra allá en el Cabildo, sembrando la tierra que ya es nuestra; nosotros podemos estar en una reunión unos tres y cuatro días, pero tenemos que coger nuestra alimentación, de nuestras parcelas. Tenemos el poder de ser libres y tener la tierra, para trabajar nosotros, para no tener un patrón y poder trabajar la tierra, y eso es un poder que le ganamos al rico y lo tenemos nosotros.5 Es así como esta forma de poder emanada del pueblo, defiende el derecho a organizarse popularmente, pues la forma de poder/coerción que ejerce el Estado, irrumpe los procesos de organización, destruyendo el tejido social, generando injusticia sobre la población. En este sentido, la comunidad de la vereda el Guaico Alizal es consciente de que el poder no reside sólo en el Estado, pues este no puede ocupar todo el campo real de las relaciones de poder. El grupo, al confiar en la organización comunitaria como una forma de ejercicio del poder, se libera, replegando toda su fuerza de dominio sobre la creación de un estilo y ritmo de vida comunitario, donde es posible crear relaciones distintas de poder, que les permite comprender que el poder coercitivo ejercido por el Estado es tan sólo una de las formas de control que impera en las sociedades mayoritarias, mas no la única. Por tanto, la Vereda el Guaico Alizal, resiste con su forma de crear y ejercer el poder, porque han decodificado, con su ejercicio de organización, el poder mayoritario que impera en las sociedades dominantes, donde hay poder hay resistencia, porque la resistencia es la expresión de la vida y busca dominar las expresiones vitales. La RESISTENCIA asume las características de potenciación y afirmación de vida, pues, el grupo comienza a construir su mundo al superar el resentimiento y las pasiones tristes de aquellos acontecimientos vividos. Esta resistencia, tomada como una expresión de vida, de protección de una cultura ancestral, implica no dejar morir la reivindicación de sus derechos, ser reconocido como indígena y campesino, exigiendo condiciones de vida digna sobre la tierra que guarda toda la cosmovisión cultural, predominante en los habitantes de la Vereda. Existe por lo tanto, una resistencia reactiva a las formas de represión ejercidas sobre ellos. Por ello la resistencia en el Guaico Alizal busca proteger la vida: todas esas pulsiones vitales que permiten conservar la fuerza de la existencia, entorno a prácticas novedosas que les permite una relación con el cosmos. Resisten y protegen la vida con la medicina tradicional a través de los resfrescamientos, con los encuentros organizados nocturnos entorno a las riberas de los ríos, con los alimentos que son los que permiten generar esa relación directa con la tierra. La lucha por la tierra que ha caracterizado a las organizaciones indígenas y campesinas, tiene que ver con esa relación instaurada con la naturaleza, ya que la tierra logra ser para ellos/as, aquel cuerpo fértil que proporciona vida a través de los alimentos, es así como su forma de cultivar y cosechar está asociada con los flujos cósmicos universales, líquidos naturales que son regulados por las fases lunares, así como las lluvias son las que procuran épocas de siembra. Para ellos, la tierra sólo concibe una época de siembra, existe sólo una época de cosecha al año, pues la tierra debe descansar; ese hilo moral que ata el grupo a la tierra, les lleva aconcebir la parcela como el “tul” que significa el círculo del anaco (falda femenina de la mujer indígena Paéz), y que cubre la parte genital de la mujer: los órganos que dan origen a la vida. Es por ello que las pácticas agrícolas se realizan a través de técnicas propias y novedosas que les permite transformar su espacio natural, sin conducir a la sobre-explotación. Toda esta forma de concebir la relación con la naturaleza deja entrever que la tierra no es sólo un medio de producción, es un espacio el cual incita a una constante creación, y es un referente indispensable del universo simbólico de las comunidades o grupos. Su uso productivo no se determina en función de valores distintos a los de la productividad y la relación costo beneficio, mas sí, se establecen formas para cultivar en torno a la organización comunitaria, a través de relaciones de vecindad, parentesco, y amistad. Las relaciones de trabajo que instaura el grupo son “el cambio de mano” y las “mingas”. El cambio de mano consiste en un intercambio de trabajo que se establece entre amigos, “hoy trabajo en tu parcela y mañana me ayudas en la mía”; la minga es cuando varios amigos trabajan en una sola parcela. Afortunadamente estas relaciones de trabajo se mantienen vivas. Los/as jóvenes de la Vereda El Guaico Alizal hoy agencian un proyecto de soberanía alimentaria que consiste en la recuperación de las semillas nativas, con un singular proceso de selección y conservación ancestral, pues se ha mantenido a través de las voces de los ancianos/as mayores. Las semillas nativas guardan un potencial alimentario que brinda diversidad y variedad al grupo, garantizando la condición de soberanía sobre los recursos genéticos. Es así como el grupo de la Vereda el Guaico Alizal resiste, porque logra reinventar una representación cotidiana de su mundo, el cual está animado por fuerzas que potencian las subjetividades diferentes de la comunidad, lo cual les permite afirmarse en esa fuerza de existir, al estar siendo y dejando de ser... Múltiples devenires suceden en su cotidianidad, devenires que posibilitan crear escapes, líneas de fuga de constante creación, todo esto, asociado con la reinvención de su forma, ritmo y estilo de poblamiento. *Documento de discusión presentado al Primer Foro Regional: Globalización y Resistencia. Escuela Superior de Administración Pública, Universidad del Estado. Santiago de Cali, diciembre 3 y 4, 2002 1 El término campesinos hace referencia a trabajadores independientes y a los familiares sin remuneración. En Colombia se consideran como formas de producción campesinas las actividades destinadas a garantizar parcial o totalmente la subsistencia del trabajador rural, mediante la fuerza de trabajo propia o familiar, en el cultivo de la tierra o la cría de ganado. Incluso cuando los productores emplean como mano de obra subsidiaria a trabajadores asalariados. En: Balcazar Fernando y Errazuris Maria. 1991. Copia fotostática 2 Véase. Leopoldo Múnera. Ruptura y discontinuidades. Movimientos populares 1968-1988. Bogotá: Unibiblos. 1993, p.246 3 Ver. Tzvetan Todorov. Los abusos de la memoria. Paidos Ibérica. 2000. Tra. Miguel Salazar. P.37 4Relato de un morador de la Vereda El Guaico Alizal, en el marco del Taller permanente de autoinvestigación “Construcción de la Memoria Colectiva del Territorio para la recuperación del Tejido social” Observatorio de Experiencias Locales para la construcción de Tejido Social. ESAP. Territorial Cauca. 2002. 5Relato de una Mujer de la Vereda El Gauico Alizal. |
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