Medios Informativos y Conflicto Social

Por: GERMAN PERDOMO
Publicado con permiso de Fisura Diciembre de 2003 No. 7

A lo largo de nuestra historia, los seres humanos, hemos buscado estar al tanto de lo que hay y lo que sucede a nuestro alre­de­dor, tal empeño, nos ha garanti­zado apropiarnos de las herramientas nece­sarias para sobrevivir además de acumular cono­cimiento. Acumulación que luego sirvió para ir profundizando las diferencias sociales entre los hombres, de manera tal que quienes fueron acumulando saber, también fueron logrando a su favor mayores posibilidades de acceder a los espacios de poder y quienes se quedaron en la ignorancia, se fueron convir­tiendo en servidores de aquellos poseedores del saber -y del poder-.

Con el tiempo, la concentración del poder se hizo proporcional a la concentración de la riqueza, hasta llegar a las abismales dife­rencias entre ricos y pobres que carac­terizan nuestros días. Para mantenerse en el lugar que ocupan, los poderosos han recurrido a la creatividad y al uso de las mas variadas técnicas y herramientas de domi­nación que les ha posibilitado el saber.

Con el advenimiento del liberalismo, la democracia y la aparición de los derechos humanos, el poder ha avanzado en la combinación de la fuerza con otras formas sutiles de control como lo son la cultura, la información  y la comunicación. Comen­zando el  siglo XXI, el desarrollo tecnológico y científico en todos los campos del cono­cimiento han llevado a un  avance de las técnicas de dominación tal, que es difícil desligar la ciencia, del poder. Entre esas técnicas de dominación gana cada día más relevancia el manejo de la información por parte de los medios masivos de comu­nicación.

Este ensayo no pretende sumergirse en el desarrollo científico de la humanidad, ni en la historia del poder, sino hacer una reflexión acerca de cómo el manejo de la información por parte  de los medios informativos, juega un papel importante dentro de la situación del conflicto social y armado que vivimos en esta parte de la humanidad, localizada en un territorio conocido como Colombia, que no dista de ser un artilugio más en esta cadena de estrategias que utilizan los poderosos para perpetuar su dominio sobre la sociedad.

El mercado de la información.

En medio de los avances en el campo científico, está el desarrollo tecnológico de las comunicaciones;  situación que ha posibi­litado que el flujo de información, al interior de los medios de comunicación, sea de magnitudes incalcula­bles a tal punto que en la actualidad, vivimos en un sistema de producción  superabun­dante de informa­ciones, que nos diferencia de tiempos anteriores en donde la informa­ción era muy “escasa”, o como lo plantea Ignacio Ramonet 1, “incluso inexistente y su control permitía dos cosas. En primer lugar, una información escasa era una información cara, que podía venderse y dar lugar a una verdadera fortuna: Por otra parte, una información escasa proporcionaba poder a quienes la poseían.”

Esa acumulación de información y de poder en tiempos pasados fue sirviendo de base para que se consolidara una estructura de dominación perdurable en el tiempo. Ahora en la era de los multimedia donde se conjugan textos, sonidos e imágenes en un mismo medio, los beneficios de la acu­mulación de la infor­mación multiplican los beneficios del poder. Cuando la infor­mación ya no puede concentrarse por mucho tiempo, se juega con ella, distribuyéndola en cápsulas que pueden ser controladas y enviadas de a poquitos, o por el contrario, diseminada en oleadas masivas de datos que terminan con­fun­diendo o desinformando a los receptores.

La información a diferencia del pasado, no muy lejano, no posee un valor en si misma, sino como soporte a la estructura de este sistema de consumo que impera. Así, “la información, es ante todo, una mercancía y, como tal, está sometida a las leyes del mercado, de la oferta y la demanda, y no a otras leyes como, por ejemplo, los criterios cívicos o éticos... La información tiene un valor mercantil y el sistema se organiza para comprar y ven­der informaciones que tengan un valor mercantil, sin ninguna referencia ya a la generosidad cívica.”2

La información-mercancía fluye en todos los sentidos, en todos los espacios y actividades de los seres humanos, des­de los lugares más íntimos y uniper­sonales hasta las estructuras orga­nizativas más complejas y multitudinarias; En todos  los ámbitos de la vida humana, el deseo de saber que ocurre en nues­tro entorno se ha convertido en una especie de necesidad que es motivada, potenciada y aprovechada por quienes tienen el poder de manejar los medios masivos de comunicación. Tal como una mercancía de consumo más, la infor­mación se aplica en dosis de importancia, donde lo relevante se oculta, porque socializarlo, desestabiliza el establecimiento y por lo tanto la  estructura de dominación; pero lo irre­levante es lo que más se ofrece porque enreda, entretiene y permite perpetuar las relaciones sociales existentes que le son favorables a las con­diciones de dominación.

Por eso la propiedad de los medios de comunicación está en las mismas manos  que poseen las mayores concentraciones de  bienes y riquezas.  Eso sucede a escala global y por ende, nacional, como es el caso de Colombia, donde alrededor del 80% de los medios de comunicación están repartidos entre dos grandes consorcios: RCN y Caracol, que prácticamente controlan el flujo de información, colocándolo a disposición de los monopolios económicos de los cuales hacen parte: El grupo Santo domin­go y el consorcio  Ardila Lule, quienes junto al sindicato Antioqueño y al grupo financiero de Sar­miento Angulo, entre otros, manejan las riendas del país.

Medios de información.

Acerca de los medios de información, definidos como aquellos organismos que al interior de los medios de comunicación, tienen las funciones  de: recoger hechos que susciten un alto grado de interés para uno o varios sectores de la población; registrar dichos hechos y difun­dirlos de manera tal, que se cope el mayor número de receptores posibles. Esta últi­ma función es la que se identifica con la acción de informar.

Al respecto, cabe mencionar que  con la predominancia de la imagen y la velocidad como factor fundamental  en la multi­pli­cación de la información, en palabras de Ramonet, “informar es esencial­mente hacer asistir a un acontecimiento, esto es, mostrarlo, situarse a un nivel en que el objetivo consiste en decir que la mejor manera de informarse equivale a informarse directamente.”3. Anterior­mente lo medios filtraban la información, ahora tratan de poner el acontecimiento que genera la información directamente con el receptor, de tal manera que intentan casi hacer participe del acon­tecimiento a quien lo recibe. De esta forma se va creando en el receptor la idea de ser él mismo quien se está informando sólo, sin intermediarios y en el emisor -que es el medio- la tendencia a considerar, que es mejor en tanto se es competitivo y se es competitivo si se responde eficientemente a los valores de instantaneidad y masificación que prácti­camente son los principios rectores de la comunicación en el presente -recordemos el cubri­miento de CNN a las invasiónes de U.S.A. a Irak-.

Para los medios de información, la instan­taneidad se ha convertido en la norma para sobrevivir, im­po­niendo la imagen como elemento pre­do­minante de la infor­mación; así, la ló­gica de la rapi­dez desplaza el análisis que se pueda hacer de lo transmitido, haciendo que los medios informativos pasen a ser simples vehículos que sólo enlazan el suceso con el receptor.

Quien es más rápido, está en capacidad no sólo de acumular información sino de absorber otros medios, de monopolizar y poner a su disposición el mercado de la comunicación. De esta manera se va avan­zando hacia lo homogenización de la información y desde ahí a la homogenización cultural, un ejemplo a escala mundial lo encontramos, en la ya mencionada CNN, que tiende a imponer sus modelos de informar en todo el orbe. “ Cada vez gana más terreno la información basada en imágenes y sonidos, difundida de modo permanente por una cadena que tiene capacidad planetaria. Muy probablemente, este modelo irá impregnando poco a poco todos los demás”.4

En el marco de Colombia, como ya se ha mencionado, la dictadura de lo audiovisual la ejercen RCN y Caracol, a las que la instantaneidad les permite dis­criminar y decidir qué información sumi­nistrar y cómo  transmitirla a los receptores. Gracias a la inmediatez de la imagen, la televisión se ha convertido en el medio que marca la pauta, convirtiendo las otras formas informativas en gregarias, que complementan su labor de transmitir patrones ideológicos y de consumo funcionales al sistema, repro­duciendo los modelos de comportamiento mas favorables  a las formas de dominación existentes.

La opinión.

Como los medios informativos funcionan acordes a una estructura social predo­minante, y como tras de ellos están los mercados financieros y los sectores que detentan el poder, la función de informar sobre sucesos verdaderos pasa a un segundo plano, transformando el concepto de verdad, así, la exigencia de veracidad deja de ser preponderante en el campo de la infor­mación; al final lo que interesa, más que la verdad, es el interés que un suceso, real o no, suscite en un número importante de personas interesadas en recibir la información. En pocas palabras, lo que interesa es lo que se venda y lo que más se vende no es necesa­riamente la verdad; entonces todos los medios se pliegan a lo que más vende, tal como si fuera una moda, se pone de moda un tema y todos para no quedarse a la zaga, replican lo que el primer medio transmite sin importar si es cierto o falso.

“El sistema en el que evolucionamos funciona de la siguiente manera: si todos los medios de comunicación afirman que algo es cierto, entonces ¡es cierto! Si la prensa, la radio o la televisión dicen que algo es cierto, pues es cierto, aunque sea falso. Evidentemente, los conceptos de verdad y mentira han variado. El receptor no tiene más criterios de apreciación, ya que sólo puede orientarse al comparar  las informaciones de los diferentes medios de comunicación. Y si todos dicen lo mismo, está obligado a admitir que es verdad.”5.

Con esta base de instaurar “verdades”, los medios de comunicación van imponiendo también formas de leer la sociedad que a su vez conllevan a generar  opinión en la gente que recibe la información.

En una sociedad como la colombiana, la concentración de los medios masivos en manos de los monopolios económicos, genera una manipulación de los mensajes, a tal punto que el pueblo receptor los acepte. Recha­zando de plano aquellos mensajes diferentes, contrarios a lo “monopolizado”, consi­derándolos “dañinos”, para quienes detentan el poder.

Los medios y el conflicto social y armado en Colombia.

En un país donde las condiciones de miseria han marcado la historia de grandes sectores de la población,  el descontento ha sido también una cons­tante, y ante la terquedad de los poderosos por acrecentar sus privilegios, es explicable que las expresiones de descontento, hayan desembocado en la creación de movimientos que optaron por el camino de la fuerza para lograr sus reivin­dicaciones sociales. Sin embargo, el uso de la fuerza, antes que traer consigo los cambios esperados por muchos, se prolongó por décadas, no sólo en un conflicto social entre clases  que luchan, una por mejorar sus condiciones de vida y otra por perpetuar sus privilegios, sino en un conflicto armado entre fuerzas militares que representan intereses opuestos: por un lado una insurgencia armada que a pesar de los matices que presenta, en términos generales, plantea una lucha frontal contra el orden establecido para derrocarlo e instaurar un nuevo régimen de corte socialista; por otro lado unas fuerzas armadas institucionales y otras irregulares (paramilitares), que tienen como función defender a toda costa los intereses de quienes detentan el poder y mantener el orden imperante.

En este marco, el papel de los medios masivos de comunicación reviste de una  gran importancia para la generación de opinión proclive a la defensa de las instituciones  del estado y del régimen imperante. En este rol, los medios informativos pasan a ser uno de los pilares del siste­ma, en tanto son los encargados de dis­tribuir la infor­ma­ción, de tal manera que sea funcional al propósito de mantener el orden. En ese papel preparan condiciones para la legitimación de políticas y medidas impuestas por el régimen, se rotula a quienes probablemente van a plantear oposición y se señala la crítica como elemento desestabilizador de la democracia, al tiempo que se sataniza cualquier viso de respuesta de los sectores afectados por la imposición de medidas, que por lo general, son de índole económica y jurídica.

Los medios se especializan en la guerra, así el flujo de la información entra a ser parte del andamiaje de esta, constituyéndose en una de las armas  favoritas  del sistema. En esa cruzada, los medios informativos vierten sus recursos tecnológicos y humanos en función de la gue­rra. De este último recurso se destaca al periodista como sujeto de guerra, que como tal corre el riesgo de ser eli­minado físicamente como cualquier soldado.

En esta lógica se hacen sacrificios, uno de los cuales además de la vida de periodistas, es el de la libertad de prensa, que por lo general va cogida de la mano con la cantidad de víctimas al interior del gremio. A mayor número de perio­distas asesinados, menor es la liber­tad de prensa. El chantaje de la vida resulta eficaz para la imposición de la censura y más allá para hacer más dóciles a los medios. Para el caso de nuestro país la estrategia surte un efecto valioso, al punto que la prensa termina siendo un instrumento eficaz, con fuertes visos de prudente auto­censura, gracias a la amenaza constante sobre la vida de los periodistas, sobre todo de aquellos que muestran cierta imparcia­lidad o parcialidad hacia el cambio de la sociedad, así no apoyen ni legitimen la lucha armada.

“ Colombia, desafortunadamente, registra en América un alto índice de casos violentos contra la prensa. Esta aseveración está respaldada por las cifras de la propia Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, según las cuales durante los últimos diez años han sido asesinados en el continente 171 periodistas, de esos episodios fatales 67 ocurrieron en este país.”6.

La impunidad.

En términos reales, el papel de los medios informativos en el conflicto colombiano, está en  propiciar la inmovilidad de los sectores sociales que de alguna manera intentan generar cambios estructurales al modelo. Para tal efecto despliegan su capacidad en función de la impunidad, que en este país se constituye en  norma, frente a la mayoría de los crímenes que en él se suceden.

Una muestra de ese papel está en la misma incapacidad de muchos periodistas para investigar por su cuenta y pronunciarse de manera autónoma y objetiva ante el asesinato de sus propios colegas; situación que sumada a la que viven otros sectores sociales, engloba   al olvido como mecanismo de defensa y contribuye a esa amplia gama  de obstáculos que el establecimiento le impone a la justicia.

En complicidad con los Mass Media, se ha estructurado todo un andamiaje que permite a los agentes del estado realizar o propiciar crímenes sin el temor de que la justicia cumpla su labor. Las trabas burocráticas, la falta de funcionarios que investiguen, los miles de obstáculos leguleyos, etc., hacen que la impunidad sea la que reine en los pasillos de los palacios de justicia colombianos.

La contribución de los medios informa­tivos radica en que, por un lado, se aferran  a las fuentes oficia­les, dándole a la infor­mación sumi­nistrada por estas, el estatus de veraz, sin la confrontación pertinente. Por otro lado se encargan de cubrir con un manto de silencio y desin­formación que muchas veces culmina  con la justificación del crimen.

En ese proceso se incurre en estigma­tizaciones que señalan a quienes piensan diferente con adjetivos que justifican su eliminación. Así, se echa en el mismo costal del rechazo a ambientalistas, sindicalistas, lideres populares, indigentes, delincuentes, subver­sivos, terroristas, pandilleros, resen­tidos, etc.  Se confunde con apelativos para que la opinión  sea favorable a la posibilidad de eliminación de lo que ha sido rotulado como dañino para la sociedad. De tal manera, cuando los escuadrones de limpieza, paramilitares, o fuerzas militares y de policía, pasan al acto de la eliminación física, los medios configuran un imaginario de com­plicidad con la sustentación de que se está actuando en función de la seguridad ciuda­dana. En otras palabras, se le hecha más leña al fuego.

“los periodistas y sus medios de información aluden a los fenómenos de violencia y su impunidad no solo reproduciendo la apreciación de las fuentes oficia­les, sino asumiendo como perspectiva de aná­lisis y com­pren­sión de los fenómenos el de las instituciones.”7.

La mal llamada defensa de la demo­cracia, se convierte en estandarte del establecimiento y de los medios para legitimar la barbarie que se comete en pro de mantener el orden. En el nuevo siglo pasa  a un primer plano la deno­minada lucha contra el terrorismo. Con esa excusa se fortalecen aparatos judiciales, se endurecen posiciones y preparan gobier­nos para la guerra; con esa bandera, para­dóji­camente, se le da luz verde al terrorismo de estado y se le da patente de corso a las fuerzas regulares o irregulares, que por la vía de las armas pretenden soportar el sistema. Por eso, es normal que las AUC tengan casi insti­tucionalizados sus espacios de difusión en los informativos nacionales, y las masacres cometidas sean fugaces noticias, que se con­funden en los esquemas noticiosos de muertes, goles y culos, que soportan el for­mato casi universal, impuesto por CNN para la presentación de noticias. Si algo funciona un poco por fuera del marco establecido, y si por alguna razón de carácter humanista o ético, algún periodista se sale del parámetro institucional, aparece la figura de la censura y porqué no de la amenaza, todo en función de la defensa de un sistema “democrático” y en la preser­vación del orden y la tradición.

“Si los asociados del estado colombiano, en este caso quieren contribuir a una democracia mejor; deben reconocer que una prensa sitiada por las represalias violentas no es de gran ayuda para ese fin”.8 

Pronunciamientos como este no pasan más allá de ser eso, meros pronun­ciamientos, que se pierden en la estructura que soporta la misma impunidad.

La Resistencia.

Es inevitable en  seme­jante entorno, que una mayoría opte por quedarse de brazos cruzados para preservar lo poco que le queda y esperar que por si solo, el esta­blecimiento tenga un aire de buen samaritano y se decida a cambiar para el beneficio de todos. Sin embargo, en medio de tanto flujo de infor­mación, aparecen propuestas contra-hegemónicas que comien­zan a generar y socializar corrientes de opi­nión favorables al cambio. Surgen entonces los denominados medios alterna­tivos, que pugnan por ganar lugar en diver­sos sectores de la población.

En la actualidad, en medio de todo el arrastre que ha demostrado tener la maqui­naria estatal, con todo el andamiaje que le proporciona la estructura del sistema y con el soporte que dan los medios de comuni­cación, es esperanzador encontrar que son muchas las experiencias organizativas de sectores sociales alrededor de proyectos de comunicación alternativa.

Desde estas experiencias encontramos que sé horizontalizan relaciones al tiempo que se democratizan espacios. Existe una lucha desde la comunicación misma por hacer política  de oposición a la globalización del neoliberalismo, creándose corrientes de opinión que reformulan la noción misma de democracia. En fin,  se hace uso de la comu­nicación para estructurar redes de apoyo social, que más allá de forjar instrumentos de información,  aportan en la construcción de experiencias organizativas que tienen como base la solidaridad y la demo­crati­zación de las relaciones sociales.

“La primera cuestión que debe ser respondida es la que se refiere al presente y al futuro de la democracia en las sociedades actuales. O sea, independientemente de otras cuestiones, la vida nos ha demostrado que no es posible la demo­cracia sin que haya democratización de los medios de comunicación de masas.”.9

Esa democratización no será posible si los medios no ganan su autonomía frente a los consorcios económicos que mueven los hilos de poder dentro del sistema. El surgimiento de nuevas experiencias comunicativas a través de diferentes medios, obedece a esa incansable búsqueda de los seres humanos por encon­trarse con la verdad y en Colombia hay quienes no estamos ajenos a esa búsqueda.

La resistencia en los medios de comu­nicación e información, es en buena parte, la que está generando  nuevas visiones y formas de relación entre los seres humanos, es en este campo donde muchos hemos de partir para  estructurar  los cambios y las transfor­maciones sociales que esperamos se sucedan. Por eso, desde diversos espacios acudimos al llamado de esas  tantas voces que, con el estandarte de la dignidad, se resisten al silencio y al olvido, y al contrario del andamiaje de sumisión  siembran la esperanza de que otra Colombia -así como otro mundo- es posible.


1 Cfr. Ramonet Ignacio. “Los periodistas están en vías de extinción” Revista Número, edición 32 Marzo-mayo de 2002. Pag. 69.

2 Ibid. Pag 67.

3 Ibidem. Pag 70.

4 Ibid

5         Ibid pag 69

6 Cfr. Defensoría del pueblo. “Violencia contra la prensa”. Revista Su defensor, N° 46 Junio-octubre de 1997. pag. 4

7 Véase. Rueda Danilo, Suarez David. “Contexto inconfesable de la impunidad: una mirada político cultural”. Revista Justicia y Paz, Vol 1 N°3, Jun- Dic. de 1996. pag 57.

8 Véase. Defensoría del pueblo. Op. cit., p5.

9 Cfr. Medios democracia y lucha social. Periódico “Desde abajo” N° 48 Jun de 2002. pag 15.

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